Una esencia agradecida

heart-1318850Por: Alba Llanes Labrada

La ingratitud forma parte intrínseca de nuestra naturaleza pecaminosa. Surge ella de nuestra inconformidad, de nuestra insatisfacción, de nuestra deslealtad y, en última instancia, de nuestro egocentrismo. La gratitud, por su parte, es un sentimiento que, como señala el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, “nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera”.

Dios, que conoce nuestro corazón, y que trabaja en nuestras vidas, para formar la imagen de Cristo en nosotros, nos ha dado mandamientos, órdenes concretas y específicas con respecto a la gratitud y el agradecimiento. Agradecer, ser agradecidos, emana directamente de la voluntad del Señor para con nosotros. Esto es lo primero que salta a la vista cuando, en 1 Tesalonicenses 5:18, leemos: “Dad gracias a Dios en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. Forma parte de Su proyecto de vida para cada uno de sus hijos, de Su plan maestro para la conformación de la imagen de Cristo en nuestras vidas.

El segundo punto importante que encontramos en este versículo es el mandato específico traducido como “Dad gracias”. En el griego, el verbo es eujaristeo. Tiene dos significados básicos: primero, “ser agradecido”; segundo, “expresar gratitud, dar gracias”. La primera definición apunta a la esencia del sujeto; la segundo, a la acción. Por su significado, puede ser tomado como un verbo de esencia y de acción. Eujaristeo señala simultáneamente a la persona cuya esencia es agradecida y, al mismo tiempo, a la acción que realiza esa persona, y que emana de esa esencia. Traducido primariamente, sin entrar en un análisis gramatical más profundo, podemos leer: “Sed agradecidos” y “Expresad gratitud” o “Dad gracias”.

Ahora bien, el verbo aparece en modo imperativo, señalando así la calidad de mandato de las palabras que se están escribiendo. Es un imperativo de la voz activa, lo que significa que la acción que se ordena es impuesta desde el exterior y debe ser obedecida sin excusas ni pretextos. Desde el punto de vista de este pasaje, “Dar gracias en todo” no es una opción para los hijos de Dios, sino una orden ineludible. Se añade también otra cuestión gramatical sumamente interesante: el tiempo usado es el presente, lo que indica una acción continua e ininterrumpida. A la luz de lo analizado, el versículo debe leerse: “Sed agradecidos continuamente” y “Estad dando gracias continuamente en todo” o “Dad gracias continuamente en todo”.

¿Por qué un mandato tajante, una orden indeclinable? Sencillamente porque tan solo la práctica obediente y continuada del mandato de dar gracias desarrollará, en nosotros, hábitos consistentes de agradecimiento. Al “hacerse carne”, estos hábitos llegarán a formar parte esencial de la nueva naturaleza que adquirimos en Cristo Jesús. Porque el objetivo final no es que la acción de agradecimiento sea coercitiva o impuesta desde el exterior, como cuando recordamos a un niño: “¿Ya diste las gracias?”. ¡No! El propósito es que la acción de gracias surja espontánea y continuamente como algo que es parte de nuestra naturaleza, de nuestra esencia, de la misma manera que surge el agua del manantial.

Justamente, esta es la idea que podemos extraer de otro pasaje, usado por el apóstol Pablo: “Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo, y sed agradecidos” (Col. 3:15). La frase “sed agradecidos” es, aquí, una traducción de eujaristoi ginomai, en la que ginomai es un verbo que se traduce como “llegar a ser”. Señala un proceso presente que tiene su concreción completa en el futuro, de modo que, esta parte del versículo puede ser traducida como “y llegad a ser agradecidos”. Está hablando aquí de algo que puede ser alcanzado, de una esencia o naturaleza que puede desarrollarse en nuestro interior hasta alcanzar la madurez y la perfección.

Pero hay algo más: gínomai es un verbo griego que aparece directamente en voz media. Así como en la voz activa, el sujeto es el que realiza la acción, y en la pasiva, es el que recibe la acción, en la voz media, la acción nace del sujeto y vuelve a él, dando un matiz reflexivo a la misma. ¿Cuál es el significado práctico del uso de la voz media en un verbo como gínomai y en una frase como “sed agradecidos”? Sencillamente significa que la acción – en este caso, el agradecimiento – parte del sujeto, en forma espontánea emana de su voluntad, de su propia disposición, sin necesidad de una presión exterior que lo obligue a hacerlo. La idea implicada puede traducirse como: “Y lleguen a ser agradecidos de ustedes mismos”. El agradecimiento debe llegar a ser algo que nazca espontáneamente del corazón como reacción, como reflejo “innato”.

El tercer punto importante lo da la frase “en todo”, que en el original aparece justamente encabezando la oración: “En todo, dad gracias…” (1 Ts. 5:18). En toda circunstancia, en todo momento, en todo lugar, en todo lo que hacemos y que decimos, debemos dar gracias a Dios. Este sentimiento de gratitud, esta acción de agradecer puede comenzar siendo, en nosotros, la obediencia a un mandato impuesto desde el exterior, que muchas veces entrará en conflicto con nuestra naturaleza humana, con nuestra ingratitud, con nuestra falta de confianza, con nuestro egoísmo. Sin embargo, deberá irse desarrollando cada vez más como un hábito que domine nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestra voluntad, hasta fundirse en nuestra naturaleza hasta tal punto que sea parte intrínseca de ella. Este es el significado de la frase.

La gratitud, vista entonces desde esta perspectiva, es una muestra de nuestra absoluta entrega a Dios, y de nuestra completa confianza en Su soberanía. Si creemos que Él es el Soberano por encima de todo, y que tiene el control de todo, entonces estamos confiados de que, en medio de cada circunstancia y situación, Él está, y que todo obrará para bien. La paz del soberano Dios gobernará nuestras vidas (Col.3:15). Estaremos tranquilos, confiados, seguros, AGRADECIDOS.

Y esa esencia marcada por la gratitud se reflejará no sólo en nuestras actitudes y palabras, sino en nuestras acciones. Tal es el pensamiento que expone el apóstol Pablo cuando escribe a los colosenses: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el Nombre del Señor Jesús, DANDO GRACIAS A DIOS EL PADRE POR MEDIO DE ÉL” (Col. 3:17).

Cuando el mismo apóstol escribía a los efesios acerca de la vida de plenitud en el Espíritu Santo, colocó la acción de gracias continua como uno de los medios a través de los cuales la corriente del Espíritu fluiría y rebozaría en nuestros corazones. Él escribió en Efesios 5:18-20: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con cánticos e himnos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones, dando siempre gracias por todo al Dios y padre, en el nombre de nuestro señor Jesucristo”. Hay un verdadero mecanismo de causa – efecto – causa, que une la plenitud de la vida en el Espíritu, con el desarrollo de una naturaleza agradecida: cuanto más llenos somos del Espíritu de Dios, más agradecidos estamos, y cuanto más agradecemos a Dios, más rebozamos de Su Espíritu. En este punto, nuestra naturaleza humana, nuestra carne, sujeta al mandato externo, impuesto para nuestro bien, comienza a dejar de hacer resistencia, y deja su lugar a la acción espontánea que surge de una esencia transformada por la gracia de Dios y el poder regenerador de Su Santo Espíritu.

Alba LlanesSobre la autora: 

Alba Lys Llanes Labrada es cubana, radicada en Argentina como misionera. Es ministro licenciado de la Unión de las Asambleas de Dios argentinas, diplomada en Biblia y Teología, por el Seminario Teológico Nazareno de La Habana, profesora en Castellano, Literatura y Latín, por el Instituto de Educación Superior Del Atuel, de San Rafael, Mendoza, Argentina, y tiene realizados estudios incompletos en Inglés, Ciencias Sociales y Computación, del Chaffey College, en Rancho Cucamonga, California. Ha servido en el área de la enseñanza y predicación cristianas en Cuba, Argentina, Estados Unidos y México. Fue cofundadora, junto a sus padres, del EDISUB, el Instituto Bíblico de las Asambleas de Dios en Cuba, directora del Instituto Bíblico Maranatha, en Los Ángeles, California, redactora y editora de la Revista Fe y Acción para World Mission Maranatha, en Estados Unidos. Actualmente es maestra, predicadora y conferencista en seminarios e iglesias, en Argentina y Chile. Es profesora del Instituto Bíblico Patagónico y del Instituto Bíblico Mediterráneo (Unión de las Asambleas de Dios), del Seminario Teológico Sion (Iglesia Wesleyana), del programa itinerante de Estudios Teológicos a Distancia (Iglesia del Nazareno), y de la Facultad Teológica de la Iglesia de Dios.

 

 

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