¿Se puede, o no?

Por: Osmany Cruz Ferrer.

¿PUEDEN LOS CRISTIANOS USAR LA PALABRA “SOBRENATURAL” PARA CARACTERIZAR ASPECTOS DE SU FE?

Opiniones divergentes en relación al uso de la palabra “sobrenatural”.

El vocablo “sobrenatural” está en el lenguaje de muchos cristianos contemporáneos. Hoy se habla de “dimensión sobrenatural”, de “unción sobrenatural”, de “andar en lo sobrenatural”, de “un tiempo de lo sobrenatural” y así sucesivamente. Algunos estudiosos bíblicos consideran que la palabra “sobrenatural” define la posición concreta en la que debe militar la iglesia, suponiendo que no todos los cristianos están en esa condición, sino aquellos que comprenden “el mover de Dios”, concepto muy abstracto. Llegan a ser coercitivos al reclamar siembras de dinero en sus ministerios para que los oferentes puedan entrar en “lo sobrenatural de Dios” y recibir retribución milagrosa.  Usan el término con fines segregacionistas, cismáticos, dividiendo a los creyentes a través de una jerga mal utilizada. Tal es el caso de muchos maestros del neopentecostalismo que hablan de “niveles de lo sobrenatural”, “niveles de unción” y un galimatías interminable de frases que no tienen sentido Escritural alguno. Según Guillermo Maldonado, uno de los defensores más sobresalientes de este enfoque: “La dimensión sobrenatural es un ámbito eterno, invisible, permanente, que nunca cambia; donde todas las cosas son y es­tán completas. Es un perenne ‘ahora’, al cual sólo se puede ac­ceder por medio de la fe. Si queremos conocer y movernos en lo sobrenatural, necesitamos que las tres dimensiones que lo com­ponen nos sean reveladas; pero además, que podamos entender­las. Ellas son fundamentales para tener entrada al poder sobre­natural de un Dios sobrenatural. Esas 3 dimensiones son: fe, unción, y gloria.” [1]

Para Maldonado, “lo sobrenatural” es un ámbito, una esfera permanente, sin mudanza, ni cambios que está compuesta a su vez por tres dimensiones subyacentes: fe, unción y gloria. O sea, lo sobrenatural es una dimensión que contiene otras tres dimensiones y no es posible acceder a lo sobrenatural si primero no te son reveladas las dimensiones que son contenidas por esta dimensión primera. Al proceso de revelación le debe seguir el de comprensión para que entonces sea posible a través de la fe, la unción y la gloria entrar a lo sobrenatural. Todo este razonamiento es de cosecha propia y el autor no es capaz de ordenar sus postulados desde un punto de vista bíblico, sino que se inventa conceptos carentes de respaldo doctrinal.

Por otra parte, están los que enseñan que la palabra “sobrenatural” no debiera usarse para definir nada cristiano porque tiene una implicación pagana, no está en la Biblia, y su significado no está en consonancia a la ortodoxia de las Escrituras. Afirman que no podemos decir que el nacimiento de Cristo fue sobrenatural porque Dios, al fin y al cabo, lo hizo nacer de una mujer y tras nueve meses de embarazo, lo cual es totalmente natural. Niegan que se pueda decir que fue sobrenatural la inspiración de las Escrituras, porque Dios les dio libertad a los autores para usar su propio lenguaje y estilo. Ni siquiera el cumplimiento de las profecías es sobrenatural, o las sanidades divinas, porque ellas se efectúan en un cuerpo natural. Juan Stam, teólogo costarricense, escribe:

¿Fue “sobrenatural” el nacimiento de Jesús? Los evangelios nos dicen que María lo concibió por el Espíritu Santo, pero su embarazo duró nueve meses (Luc 2:6; cf. 1:36), y el alumbramiento (2:6) fue como el de cualquier chiquillo, con todo y dolores de parto (cf. Ap 12:2). Nada indica que el embarazo de María y el nacimiento mismo de Jesús fuesen “sobrenaturales”. Es que Dios no hace esa distinción entre “natural” y “sobrenatural” sino que suele realizar sus propósitos divinos por medio de procesos “naturales”, sin manipularlos desde su trono celestial.

¿Fue “sobrenatural” la inspiración de las escrituras? Es cierto que el Espíritu Santo actuó de manera divina muy especial en el proceso de escribir los libros canónicos. Pero el Espíritu inspiró la Biblia por medio de autores humanos. La inspiración de las escrituras no fue un dictado “sobrenatural”, palabra por palabra, dejando a los autores bíblicos como simples autómatas en un proceso mecánico. Los profetas “estudiaron y observaron” el mensaje de salvación, buscando entenderlo mejor (1P 1:10-11); San Lucas buscó todas las fuentes y averiguó los hechos históricos de la vida de Jesús (Lc 1:1-4); San Pablo luchaba por comunicarse eficazmente, y hasta se lamentó por un momento de haber escrito una epístola a los corintios (1Cor 2:4; 2Cor 1:13-2:4,9; 6:11-13; 7:2,8-9). Cada autor bíblico se expresa desde su propio trasfondo, en su propio contexto y con su propio estilo literario. La inspiración de la Palabra de Dios no fue un dictado “sobrenatural” (para emplear ese término inapropiado) sino una confluencia dinámico entre acción divina y acción humana.

¿Funciona el cumplimiento de las profecías siempre a nivel “sobrenatural”? Sin poder entrar en detalles, conviene observar que la gran mayoría de las profecías del Antiguo Testamento se cumplieron mediante acción humana. Las profecías de la caída de Asiria se cumplieron por los ejércitos de Babilonia; de la caída de Babilonia, por los ejércitos de Persia; el fin del exilio de los judíos, por un decreto de Ciro. José y María no vivían en Belén, pero según el relato de Lucas, fue un decreto de Augusto César (Lc 2:1-7) que hizo cumplirse la profecía de Miqueas 5:2 (Mt 2:5-6). El arresto y crucifixión de Jesús, centrales al plan de Dios, fueron acciones humanas plenamente libres y responsables. Las profecías son reveladas divinamente, pero las más de las veces se cumplen humanamente, en el mismo “plano natural”.

Como último ejemplo, una sanidad divina, ¿se realiza en “la dimensión sobrenatural”? Me parece que no. Es acción de Dios, pero se realiza en un cuerpo de carne y hueso, en la tierra y no en algún plano “sobrenatural”. Y de hecho, ¿cuál sanidad no es divina, directa o indirectamente? Como dijo un famoso médico francés, “Dios los sana y nosotros les cobramos”. (Digo eso con todo respeto a la profesión médica y al admirable cardiólogo que recién me implantó un marcapasos).[2] [Sic]

Poniendo las cosas en perspectiva:

La palabra “sobrenatural” no se usa en las Escrituras, es cierto, pero ello no implica que no pueda usarse para conceptualizar o adjetivar aspectos de la fe cristiana. El ejemplo más grande de esto es la palabra Trinidad, un vocablo que define que Dios es uno, pero en tres personas, coiguales en naturaleza, que coexisten en comunidad. La palabra no está en la Biblia como tal, pero desde que Tertuliano la acotara en el siglo III, la cristiandad toda la acepta como válida y acertada. También existen innumerables términos en teología que no están en la Biblia y no por ello son errados, tal es el caso de salvífico[3], o la unión hipostática de Cristo[4]. Son maneras en las que los teólogos han aunado el contenido de doctrinas fundamentales de la Biblia en una palabra o frase.

El Diccionario de la Real Academia Española define el vocablo “sobrenatural” como un adjetivo, cuyo significado es: “que excede a los términos de la naturaleza”[5] En tal caso, podemos decir que hay cientos de eventos bíblicos que son sobrenaturales, pues exceden a los términos de la naturaleza. Es cierto que Cristo nació de una mujer, y que fueron nueve meses de embarazo, eso es natural, pero es sobrenatural que no tuviera padre biológico humano, sino que fuera concebido por el Espíritu Santo. Es cierto que Dios inspiró las Escrituras respetando el estilo y el lenguaje de sus instrumentos humanos, pero es sobrenatural el poder que tienen las Escrituras para transformar vidas, su inerrancia absoluta, su precisión profética, su perdurabilidad a pesar de las persecuciones y amenazas. Es correcto decir que para el cumplimiento de las profecías Dios usó a hombres y sucesos históricos, pero es sobrenatural que el Señor dijera que esos sucesos ocurrirían con cientos o miles de años de antelación. No podemos negar lo innegable, solo porque hay otros que se van a los extremos usando la palabra místicamente, o con fines manipulativos. Con la sanidad ocurre lo mismo, se efectúa en cuerpos naturales, pero el hecho de que no intervenga mano humana le hace sobrenatural, excediendo a los “términos de la naturaleza”, por encima de ella.

Podemos llamar sobrenatural (que excede a los términos de la naturaleza) al Mar Rojo que se abrió a la orden de un profeta tartamudo, a la prolongación del día milagrosamente por la oración de un caudillo que debía ganar una batalla para Dios y su pueblo, al andar sobre las aguas del Maestro y su inestable discípulo Pedro, a la oreja de Malco que fue puesta en su lugar por el Señor Jesús después que fuera cortada de un tajo. Podemos llamar sobrenatural a la resurrección de Cristo, a su ascensión a los cielos venciendo la ley de gravedad y volando por encima de las nubes y las estrellas en contra de las leyes físicas más elementales. Fue sobrenatural la supervivencia de Pablo a la mordida de una serpiente venenosa en la Isla de Malta, o su viaje al tercer cielo estando aun en la carne.

Decir que no existe lo sobrenatural en Dios (que está por encima de lo natural) es negar la trascendencia de Dios, un aspecto de su naturaleza divina que da por hecho que él está sobre y más allá de la creación y de todo lo que existe en el mundo material o espiritual. Por tanto, Dios es sobrenatural en esencia porque está más allá del tiempo y del espacio, eso en sí mismo está más allá de los “términos de la naturaleza”.

La vida cristiana es en sí una vida sobrenatural en cuanto a que está más allá de lo natural. ¿Cómo explicaríamos el nuevo nacimiento en Cristo, sino a través de una obra del Espíritu más allá de lo humano o natural? ¿Cómo explicamos el fruto del Espíritu, sino a través de un obrar sobrenatural de Dios en el carácter de los que son suyos? ¿Cómo explicar la operación de los dones espirituales, sino a través de manifestaciones sobrenaturales del Espíritu Santo para provecho de los que creen? ¿Cómo explicar el levantamiento escatológico de todos los creyentes sino por una intervención sobrenatural de Cristo?[6] ¿No es todo esto predominantemente sobrenatural?

La morada del Espíritu en cada cristiano es la evidencia más fehaciente de esa sobrenaturalidad permanente, la cual es posible a partir de creer en Jesús como Señor: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Co. 3:16). ¿Cómo explicar de forma natural que Dios vive en nosotros? Esto es, sin duda alguna, el hecho más extraordinario y sobrenatural del que participamos cada día.

Por otra parte, no hay tal cosa como un tiempo de lo sobrenatural, o una dimensión misteriosa de lo sobrenatural a la cual se entra o se sale según actos humanos de generosidad, o a través de subniveles espirituales. No hay niveles de lo sobrenatural, eso es confuso y antibíblico.  Lo que sí hay es un Dios sobrenatural, cuya trascendencia fue ponderada por Salomón diciendo: “los cielos de los cielos no te pueden contener” (1 Re. 8:27). Nuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col. 3:3), por tanto, nuestra vida en Cristo es en sí una vida sobrenatural, esa es nuestra identidad y nuestra herencia.

Conclusiones:

Hay que evitar los extremos al examinar el vocablo “sobrenatural” para no exagerar, ni disminuir su significado. Si por “sobrenatural” entendemos que es todo lo que está por encima de lo natural, no tendremos ningún reparo en aceptar todo aquello que está en las Escrituras y que aun no usando el término en cuestión, enfatiza la obra sobrenatural de Dios en su creación, o a través de ella. Por otra parte, no debemos usar la palabra “sobrenatural” para crear fórmulas no bíblicas que prometen darnos una especie de lugar especial o dimensión, en la que solo algunos puedes estar si cumplimentan los pasos que alguien se inventó.  Debemos ser juiciosos y hablar conforme a las palabras de Dios, para que Cristo sea glorificado y la doctrina del Señor sea preservada en nosotros y para la generación siguiente. El consejo apostólico es: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén” (1 P. 4:11).

La Carlota, España, Facultad de Teología de las Asambleas de Dios. 15:06 pm.

Sobre el autor:

Osmany Cruz Ferrer es cubano, ministro de las Asambleas de Dios de España. Bachiller en Teología y Biblia por el Seminario de las Asambleas de Dios (EDISUB). Es Licenciado en Teología y Biblia de la Facultad de Estudios Superiores de las Asambleas de Dios (FATES) y Licenciado en Teología y Biblia con ISUM Internacional de Sprinfield, Asambleas de Dios. Actualmente concluye una Maestría con FIET. Ha sido en Cuba Pastor, Director del Instituto Bíblico de Asambleas de Dios, Vicedirector de la Dirección Nacional de Investigaciones Teológicas, presbítero y miembro del Consejo Ejecutivo del Distrito Occidental en La Isla. Desde 2011, Osmany Cruz reside en España junto a su esposa Leydi y sus hijos Emily, Nathaly, Valery y Dylan. En la actualidad desarrolla su ministerio como misionero, pastor, conferenciante itinerante, escritor y profesor titular en la Facultad de Teología de Asambleas de Dios, donde además, es el Secretario Académico y Vicedecano de comunicaciones.

Bibliografía:

[1] Guillermo Maldonado ¿Cómo caminar en el poder sobrenatural de Dios? Página 98. Editorial Whitaker House, 2011.

[2]http://www.ayudapastoral.com/2011/05/26/una-nueva-moda-teologica-la-dimension-sobrenatural/

[3] Referente a la capacidad salvadora del sacrificio de Cristo.

[4] Concepto que habla de la unión en una persona, la de Cristo, de la plena naturaleza humana y la plena naturaleza divina.

[5] http://dle.rae.es/?id=Y8S1zOB

[6] Él resucitará a todos los muertos de la era de la iglesia y levantará a los que quedemos vivos para reunirnos con él en los aires.

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