¿Es Dios punitivo? (¿Castiga Dios?)

Justicia.Por: Pastor Ángel Bea

En el siglo XXI pareciera que el ser humano ha llegado a un estado de perfección, que ya no hay corrupción de ningún tipo; ya no hay esclavitud sexual de mujeres engañadas y explotadas contra su voluntad; tampoco hay mafias, pues todos sus componentes se han arrepentido y han ido pidiendo perdón a las madres de millones de jóvenes a los cuales asesinaron con su repugnante droga, mientras ellos vivían a cuerpo de reyes, revolcándose en todo tipo de placer repugnante. Pero, ¿y la esclavitud laboral de niños? ¡Ah! eso también se terminó. Ahora todos los niños del mundo van a la escuela y se les alimenta y visten adecuadamente. Luego, ¡Albricias! Ya se terminó con el engaño, la explotación y la esclavitud sexual de las mujeres. Todos los que se dedicaban a esa criminal forma de vivir, se arrepintieron y dejaron libres a todas las mujeres, pagándoles incluso grandes indemnizaciones y reconociendo que todo cuanto les pagaron no compensaba el daño que les habían hecho. Pero bueno, se han arrepentido…  Luego, un vistazo a la economía nos muestra que ya las grandes multinacionales han corregido su forma de administrar la economía; ahora  hay una redistribución más justa  de la riqueza, de tal manera que ya no hay paro ni tampoco necesitados… El problema de la inmigración ya hace tiempo que desapareció; en los países pobres ha florecido el trabajo y este ha dado paso a la riqueza y con un cambio de mentalidad y la ayuda de los países ricos, ya nadie muere de hambre; todo el mundo tiene trabajo y nadie está necesitado… Los conflictos militares se acabaron y ya no hay “niños soldados”. También  se acabó con la terrible práctica de la ablación del clítoris de millones de niñas… y los fanáticos de todo tipo, religiosos o no, tiempo hace que han desaparecido… En fin, en este siglo XXI no hay necesidad de que nadie clame por justicia, por tanto ya no hay “hambre y sed de justicia”.  El ser humano de este siglo ha llegado a un “súper nivel” de perfección que Dios no tendrá que intervenir para hacer justicia.

Desgraciadamente, sabemos que las cosas no son así. Que nos quedamos cortos en mencionar las maldades que hay en este mundo y que por toda la tierra, hay un gran clamor de tantos millones de almas, víctimas de otros que sufren el peso de tanta maldad e injusticia, que si hay Dios en el cielo, “pronto vendrá y hará justicia a sus hijos que claman a él día y noche ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Luc.18.7-8) Fe que salva, fe que justifica al impío, fe para cobijarnos bajo la gracia de Dios en Cristo, quien sufrió por nuestros pecados y nos ofrece la posibilidad de un verdadero cambio…

Esperemos que no tengamos que vivir tiempos como los de los días del Diluvio, en los que la tierra estaba  “llena de corrupción y de violencia” (Gén.6.5,11) y las gentes justas no tengan autoridades a las cuales acudir para que les hagan justicia y no encuentren respuesta por cuanto estas mismas hagan causa común con la maldad.  Entonces, muchos de los que dicen que “Dios es bueno y no va a castigar a nadie –no es punitivo-” clamarán: “¡Dioooos haz algo…!”

¿No hemos de predicar el arrepentimiento en todo tiempo y a todos los niveles? ¿No hemos de orar por nuestro país, clamando porque haya un verdadero cambio, y no de políticos meramente, para un nuevo gobierno? ¿No hemos de desear que nuestros paisanos (¡y aún nosotros mismos, en la parte que nos toque!) dejen la idolatría en todas sus formas: la religiosa, la sexual, la de la moda, la del querer vivir bien a costa de los demás, la del dinero, y un largo etcétera? Pero mucho nos tememos que las palabras fieles de nuestro Señor Jesucristo (esto de confesar a Jesús de Nazaret como “Señor Jesús-Cristo” hemos de hacerlo a boca llena) se cumplirán a raja-tabla. No sabemos cuándo, pero se cumplirán: “Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo de Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y se los llevó a todos” (Lc. 17:24-28).

El bondadoso, el tierno y misericordioso Jesús; el que expresó el corazón amoroso del Padre, anunciando un terrible juicio definitivo para con aquellos que a semejanza de los antiguos, solo piensan en comer y en beber, en casarse y en darse en casamiento (ya ni eso, siquiera), en comprar y en vender y en vivir la vida “a tope” y conforme al dicho antiguo: “Comamos y bebamos, porque mañana moriremos”. Sin embargo, también está escrito y se cumplirá fielmente: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una vez; y después de esto, el juicio” (He. 9:27). Pero entonces, “como en los días de Noé”, que dijera Jesús, ya será demasiado tarde para muchos.

Sobre el autor:

2016-04-09 16.17.35 (1)Ángel Bea Espinosa nació en Fuensanta de Martos (Jaén) pero se crió en Córdoba. A los 21 años (final de 1966) entregó su vida al Señor Jesucristo, después de experimentar por largo tiempo una gran necesidad espiritual y a pesar de que era bastante religioso.  Después de una experiencia de 15 años de vida de iglesia y ministerio en la misma, fue encomendado al ministerio pastoral en 1982, con el reconocimiento de los pastores de la ciudad de Córdoba (España). Su formación ha sido autodidacta hasta que, en 2004 comenzó estudios a distancia con UNIVERSIDAD ICI Global en España, graduándose en Biblia y Teología en 2010, celebrando la ceremonia de graduación en el CSTAD (Centro Superior de Teología de las Asambleas de Dios de España).
Ángel Bea es pastor presidente de la Iglesia Evangélica Betesda de Córdoba. También es profesor del CSTAD, donde dicta la asignatura de bibliología a los estudiantes de primero. Está casado con Mª. Dolores Jiménez Vargas. Ambos tienen tres hijas y dos hijos

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