Entrevista a Jesús Caramés

Hemos decidido comenzar una serie de entrevistas a educadores cristianos con el fin de edificar a la iglesia e inspirar a los que sirven al Señor en sentido general a un servicio más abnegado y a un compromiso de fe más firme. Para ello nos ha parecido excelente comenzar entrevistando a Jesús Caramés, Rector de la Facultad de Teología de las Asambleas de Dios de España.

AT. Hola Jesús, gracias por aceptar conversar con nosotros en este nuevo espacio de la Revista Apuntes Teológicos. Bienvenido.

JC. Gracias a vosotros y, a la oportunidad de este espacio tan emocionante en la Revista.

AT. Nadie llega a la responsabilidad de Rector de una Facultad de Teología improvisadamente. ¿Cuál ha sido tu trayectoria ministerial?

JC. Al mirar hacia atrás aún me emociona el verificar como el Señor estaba preparándolo todo; por un lado, ese interés y motivación constante por profundizar en la Palabra del Señor y, por el otro las oportunidades que el Señor nos ofrecía, tanto en el ministerio, para seguir creciendo, como incluso en el ámbito secular para poder complementar una formación que, años después –sin duda– sería también muy relevante. He coordinado un programa de extensiones a nivel nacional y también la responsabilidad de ser el Consejero de Enseñanza Religiosa Evangélica en la comunidad gallega durante un período de seis años, todo ello compatibilizándolo con el ministerio pastoral y el de la dirección de una escuela pública.

AT. Has sido pastor, pero desde hace más de 10 años estás dedicado al magisterio y llevando adelante la Dirección de la Facultad de Teología de las Asambleas de Dios ¿Cómo te ves: como un pastor que enseña, un maestro que ha pastoreado, o ambas cosas en la misma equivalencia?

JC. Más bien como un aprendiz que aprende y un pastor que quiere ayudar a otros a aprender. Siempre me ha impresionado aquella frase de Spurgeon que, con la ocasión de una despedida de sus estudiantes, les exhortó a seguir aprendiendo, insistió: ¡siempre aprendiendo! Así que, en ese espíritu de dejarnos sorprender por el único Maestro y de agradecer la oportunidad de seguir sus pasos es que seguimos adelante.

AT. ¿Qué es lo que más disfrutas en tu día a día ministerial?

JC. Me sorprendo cada día, reconociendo de qué forma el Señor nos renueva las fuerzas, como nos alienta cada día y cómo podemos cobrar aliento viviendo en medio de quienes habrán de ser los referentes de Cristo y de la iglesia para este siglo XXI (aunque algunos aún no se hayan percatado de ello…)

AT. ¿Cómo combinas tus muchas responsabilidades de manera que puedas llevar todo adelante? ¿Puedes dar algunos consejos para que los ministros o aspirantes al ministerio se organicen mejor?

JC. Pues, aunque trato de ser ordenado y prudente, lo cierto es que la mejor clave es “sostenerse como viendo al invisible”; muchas veces hemos creído que no podíamos más, y Dios que nos ha sorprendido alentándonos y renovándonos cada día. Ser un ministro pentecostal es sin duda la oportunidad a vivenciar ese viento fresco que viene… aunque a veces –confieso– que hemos estado muy cansados, pero siempre cada bache ha sido la oportunidad divina para verificar como la Gracia del Señor nos ha sostenido y sigue haciéndolo. Sí, Dios está también en la oficina, en los trámites académicos, en los administrativos, como lo está en los pastorales, ministeriales y ….

AT. ¿Cuál es tu carga ministerial más grande en este momento? ¿Por qué?

JC. No obstaculizar el llamamiento divino de los estudiantes del seminario; los héroes de la fe del s. XXI a los que Dios ha llamado para ser los cristianos de la 1ª línea de batalla. Verificar que la iglesia contemporánea vuelve a poner su mirada en la necesidad vital de la formación bíblica, apostando porque sus ministros sean como mínimo graduados de la Facultad.

AT. El ministerio en sentido general tiene grandes alegrías. ¿Cuáles son las alegrías más grandes del ministerio de la enseñanza en particular?

JC. Siempre es impactante cada acto de graduación; ver allí a estudiantes con las togas puestas que, después de cuatro años, ¡han vencido! Y han sido reconocidos como fieles para el ministerio, siempre es algo que me ha emocionado muy especialmente. Verificar el cambio en las actitudes, en el manejo y cuidado de la Palabra, la pasión por el servicio; es, de verdad, todo un regalo del Señor.

AT. Eres profesor de Historia de las Sectas y me consta que has preparado un colosal volumen de estudio sobre este tema. ¿Por qué es tan importante que los estudiantes de la Facultad e iglesias comprendan correctamente el peligro de las sectas?

JC. Porque este peligro va asociado a la ignorancia en el estudio de la Palabra; siempre la exhortación del Señor ha sido y es al estudio concienzudo de las Escrituras, las que nos posibilitan un acercamiento a Cristo y las que transforman nuestro corazón y vida. Decía Hegel que las sectas y herejías tienen en común que todas apelan a las Escrituras; tenemos pues el reto constante de escudriñar y conocer la Palabra para trazarla como conviene y ser un buen edificador de la Iglesia.

AT. Dámaris es tu ayuda idónea ya por más de 30 años. Háblanos de ella y del significado del trabajo de Dámaris para la Facultad.

JC. Con más de 32 años de matrimonio, mi vida está completamente ligada al de mi compañera, que ha sabido cuidarme, comprenderme y ayudarme a enfocarme cuando me he equivocado, tantas veces que, es sin duda un ejemplo de paciencia. Dámaris ha sido el regalo del Señor para mi vida y como tal una trabajadora constante a mi lado; fue la bibliotecaria y ahora ella desempeña la coordinación académica y de la residencia. Un apoyo fiel y firme para mi vida.

AT. “Hijo de gato… caza ratones.” Háblanos de tu hijo Josué, de cómo ha seguido vuestras pisadas y qué consejos le darías a los jóvenes de las iglesias que desean prepararse mejor para servir al Señor.

JC. Como todos los hijos de pastores ha tenido su experiencia propia, difícil… pero, que con la ayuda del Señor la superó, para descubrir que su verdadero refugio, su aliento era la Palabra y el Dios de la Palabra; desde entonces, dirigió su vida a formarse en esta Facultad y, fue en medio de este estudio, en medio de sus luchas con fracasos y victorias que fue sorprendido por el Señor, ahora está viviendo con su esposa en Los Ángeles, ambos trabajando en una Universidad Cristiana y él estudiando un doctorado en Teología con el ánimo resuelto de ser de bendición a la Iglesia. ¡Ah y con un bebé que ya viene en camino!

AT. A veces el ministro cristiano tiene la tentación de trabajar en solitario, lo que lo lleva al desgaste ¿Qué opinas sobre esto y qué solución propones?

JC. El individualismo no es del Señor; la misma Iglesia es un concepto divino; el significado de cuerpo como más que un equipo, es lo que hacen viable que los valores de solidaridad, ayuda, equivocación, perdón, ánimo resuelto, etc. cobren sentido. Creo en la asamblea, en la comunión de los santos, en el pensamiento colaborativo, en que, en la multitud de consejeros hay sabiduría; en el sentido democrático de que el que parece más débil es el más importante, por lo tanto ¡adelante con el trabajo colegiado!

AT. Siempre te hemos visto enfatizar la sana doctrina, la devoción y el carácter cristiano en tus predicaciones. ¿Por qué esa triada temática?

JC. Me encanta este análisis, y es que siempre me ha impresionado esa expresión de la voluntad de Esdras 7:10, que había preparado su corazón para estudiar, para cumplir y para enseñar. Si hoy en día, las palabras puedan tener alguna relevancia son sólo las que están regadas con la sabiduría de la Palabra, con el carácter santo y con la experiencia de vida consagrada a Dios. ¡Qué el Señor nos ayude a vivir lo que conocemos y predicamos!

AT. Tres consejos que le darías a los que desarrollan el ministerio de la enseñanza.

JC. Inquietud por aprender de forma constante. Humildad, para reconocer que nuestra verdad y comprensión no es la única. Expectativa, conscientes de que Dios aún hoy nos sigue sorprendiendo.

AT. Se habla mucho en las iglesias de la lectura de las Escrituras, pero a veces leemos solo los libros de la Biblia que más nos gustan. ¿Crees que los cristianos deben tener un plan de lectura de la Biblia completa cada cierto tiempo? ¿Cuál sería tu propuesta en este sentido?

JC. Efectivamente, tenemos que refrendar el “todo” de Toda la Escritura… Mi plan siempre es leer el texto Bíblico de principio a fin, de forma sistemática, al menos en un año. A veces lo leo habiendo llegado al final, desde ese final, comenzando por Apocalipsis hacia el principio. AL margen de estudiar puntualmente otros libros de la Biblia; pero la lectura sistemática como una norma de vida como el dar gracias por los alimentos en el tiempo de la comida.

AT. ¿Qué no volverías a repetir en tu ministerio si pudieras ir al principio de todo otra vez?

JC. No han sido pocas las equivocaciones que he cometido. Me hubiera gustado haber sido –en muchas ocasiones– más paciente y mucho más sensible a la dirección del Espíritu Santo.

AT. En tiempos de tanta celeridad, a veces la lectura de libros se relega y se recurre a Internet, a lecturas poco fiables. ¿Qué papel debe jugar la lectura de buena literatura en la preparación de un ministro?

JC. Totalmente crucial. De igual modo que un buen especialista se distingue por su preparación así debe ser con el ministro y predicador. Libros de predicación, libros de exégesis bíblica, textos de pensamiento teológico son imprescindibles para poder aportar una respuesta apropiada a tantas inquietudes y temores que implican a nuestra sociedad contemporánea.

AT. ¿Cuáles son los cinco libros que más han marcado tu vida y por qué?

JC. Los cinco libros que más han marcado mi vida son:

  1. MAWHINNEY, Bruce. Predicando con Frescura. Gran Rapids, Michigan: Edit. Portavoz, 2004
  2. CYMBALA, Jim. Fuego vivo, viento fresco. Miami: Editorial Vida, 1997
  3. RAVEHHILL, Leonard. Por qué no llega el avivamiento. Minneapolis: Edit. Bethany House. 1990
  4. BONFHOEFFER, Dietrich. El precio de la Gracia. El seguimiento. Salamanca: Ediciones Sígueme. 2004
  5. STRONSTAD, Roger. Espíritu, Escritura y teología. Una perspectiva pentecostal. Bagio, Filipinas: Edit. Publicación del Asia Pacific Theological Seminary Press. 1991

Los cuatro primeros me impactaron confrontando la tesitura de que mi testimonio y predicación fuese apasionada y avivada; sólo algo que puede hacer el mismo Espíritu Santo. El texto de Stronstad, me ayudó a redescubrir, una vez más, los fundamentos teológicos de peso del pentecostalismo, afianzando así, el peso y significado teológico de la experiencia pentecostal como una realidad vital y constante.

AT. Si supieras que hoy es la última vez que vas predicar sobre la Tierra, ¿sobre qué predicarías? ¿Por qué?

JC. Sobre la oportunidad y el privilegio que Dios nos ha dado para ser reconciliados con Dios a través de Jesucristo, y del poder que Dios nos ha entregado para ser sus testigos, de forma que podamos vivir una vida cristiana influenciadora (Hechos 29…).

AT. Ha sido una bendición poder entrevistarte en Apuntes Teológicos. Gracias por este tiempo que nos has dedicado y esperamos poder tenerte una próxima vez para hablar de otros temas de la vida y el ministerio cristiano.

JC. Gracias a vosotros. ¡Un privilegio estrenar esta sección!

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