EL PASTOR Y SU FAMILIA

 

Por: Juan Muñoz

INTRODUCCIÓN

Trabajar en la labor pastoral de una iglesia constituye uno de los más altos privilegios para la vida de un cristiano. Es una labor honorable y es una preciosa manera de invertir la vida para Dios y tendrá una elevada recompensa en el reino de los cielos. A los ojos de la congregación, el pastor, en condiciones normales, suele ser una persona reconocida, querida y respetada. Además, el simple hecho de dedicar la vida y los esfuerzos a lo que alguien ha sido llamado debería producir una vida de agradecimiento a Dios.

Sin embargo, el llamado pastoral puede ser observado desde distintas perspectivas y algunas de ellas no son tan idílicas como se podría pensar inicialmente. Las exigencias y los requisitos a los que está sometido el pastor generan unas presiones tanto personales como familiares que si no son bien gestionadas puede ocasionar serias dificultades tanto en la vida del pastor como en la de su familia.

Se pretende analizar en este trabajo de investigación cuales son las exigencias, los requisitos y las implicaciones que tienen tanto para la vida del pastor como para su familia. Uno de los objetivos a alcanzar, es hacer una distinción entre los requisitos bíblicos para el pastor y su familia y las exigencias importadas por la cultura y la sociedad de nuestros días.

I.     EL PASTOR ES UNA PERSONA

En el año 2018, la comunidad evangélica fue golpeada con una trágica noticia[1], “el suicidio de un joven y conocido pastor conmueve EE. UU” así figuraba el título de la noticia. Andrew Stoecklein, de 30 años, de la Iglesia Inland Hills en California, se suicidó debido a un cuadro severo de depresión y ansiedad. La noticia era acompañada de una foto de una preciosa familia en la que aparecían sonrientes el pastor, su bella mujer y sus tres preciosos hijos pequeños. Tristemente la foto no podía ser más contraria a la realidad de la noticia.

No tardaron mucho en aparecer artículos en las editoriales evangélicas intentando dar explicaciones o encontrar la razón de por qué un pastor, que debería ser el ejemplo a seguir por todos, termina quitándose drásticamente la vida dejando a su esposa viuda y a sus tres hijos huérfanos. No es el tema que se desarrolla en este trabajo, aunque sería interesante hacer un profundo análisis de lo ocurrido a los ojos de las Escrituras. Se hace referencia a esta historia para dar a entender algo tan sencillo como que los pastores no son ni más ni menos que personas. Hombres que han sido llamados para llevar a cabo una tremenda labor pero que a su vez deben enfrentar las dificultades que todas las personas tienen que enfrentar.

La familia es sin lugar a dudas una de las áreas más sensibles del pastor. Un hombre puede afrontar más fácilmente los ataques y las luchas que debe enfrentar personalmente pero cuando estos ataques involucran a la familia la presión puede alcanzar cotas insospechadas. Posiblemente un pastor no tenga problemas para enfrentar las críticas que las personas hacen de su labor pastoral, Sin embargo, escuchar una acusación o una crítica afilada dirigida a uno de sus hijos (más cuando la crítica tiene fundamentos) es bastante doloroso para un pastor.

Sin embargo, para Dios no hay nada imposible y todas y cada una de las situaciones que se puedan atravesar en el ministerio están contempladas bajo la mano soberana de Dios y el pastor tiene la esperanza que si aprende a vivir bajo la protección y la cobertura del Señor encontrará la ayuda y el refugio necesario para no quedarse en el camino a lo largo de su ministerio.

II. LA FAMILIA

A.   La familia en la sociedad actual

La familia en la sociedad contemporánea atraviesa serias dificultades. Esto no quiere decir que en otras épocas las familias hayan sido idílicas y que solo las familias de hoy tienen problemas. Es muy común exponer un discurso pesimista y tremendista sobre estos temas. Se debe entender que, a lo largo de la historia, las familias han tenido que afrontar serios problemas de muy diversa índole. En la actualidad, en la sociedad postmoderna, la familia debe afrontar la opción de dejarse llevar por el estilo de pensamiento del mundo o sujetarse a los principios bíblicos que han sido un valor seguro.

Ahora bien, se puede caer en el error de asociar familia bíblica a familia tradicional. Cuando la sociedad se refiere a familia tradicional, normalmente está haciendo referencia al tipo de familia que era normal en sociedades anteriores a la actual y no podemos afirmar que los principios que regían las familias el siglo pasado estuvieran totalmente alineados con los principios bíblicos. El hecho de que la mujer no tuviera derecho al voto hasta el año 1933 en España, o la ley de licencia marital que exigía a las mujeres la autorización del marido para realizar actos y contratos no son claramente un reflejo de la aplicación de los principios bíblicos a la familia.

Para muchos defensores de la “familia tradicional” ver a las mujeres siendo amas de casa, dedicándose al cuidado de sus hijos y a la limpieza y mantenimiento de sus hogares mientras que los hombres se dedican a trabajar ya sea en sus profesiones seculares o desempeños ministeriales como el de pastor sería una clara aplicación de los principios bíblicos. Esta perspectiva, posiblemente satisfaga los anhelos paternalistas y anticuados de sociedades anteriores, sin embargo, no responden a la situación actual de las familias ni a las necesidades actuales de las mismas.

Actualmente, las mujeres al igual que los hombres, tienen derecho a formarse académicamente, desarrollarse profesionalmente. Si se observa detenidamente, el número de estudiantes femeninas en la universidad no solo iguala, sino que en ciertos casos supera a los estudiantes masculinos por lo que encontramos una sociedad llena de mujeres no solo con mayores cualidades sino incluso con mayor formación que muchos hombres.

Después de esta contextualización del tema, ahora los pastores deben asumir el reto de enseñar los valores y principios bíblicos sobre la familia de forma que puedan ayudar a estas familias a gestionar toda esta novedad y no por ello malvada lluvia de principios sociales. El reto implica enseñar los principios para construir una la “familia bíblica” sin confundirla con una “familia tradicional”.

B.   La familia del pastor

La familia del pastor no está exenta de caer en los mismos errores que el resto de las familias de la iglesia. Podría plantearse la pregunta en esta sección ¿Cuáles son los requisitos que debe cumplir el pastor referente a la familia? ¿Son todos estos requisitos exclusivos del pastor? ¿Deben cumplir el resto de los maridos y padres de la iglesia estos principios?

En las cartas de Pablo a Tito y a Timoteo encontramos algunos pasajes que son ordenanzas de parte de Dios para que un hombre tenga un fuerte compromiso familiar como prerrequisito para poder ser considerado apto para el ministerio pastoral[2] «Que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)» (1 Ti. 3:4-5); «El que fuere irreprensible, marido de una sola mujer y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni rebeldía» (Tit. 1:6).

De estos textos se desprenden tres aspectos importantes para el matrimonio y la familia del pastor.

Debe ser marido de una sola mujer (1ª Ti. 3:2) ¿Solo el pastor? ¿El resto de hombres de la iglesia puede estar casado con varias mujeres? No parece a simple vista un requisito muy elevado. Si profundizamos un poco en el texto y en la situación de la sociedad de la época, podemos entender claramente este texto. Cuando Timoteo recibió esta carta de Pablo estaba ejerciendo el pastorado en la iglesia de Éfeso. Éfeso era una ciudad pagana en la que los pecados sexuales estaban a la orden del día. Para aquellos que dicen que la sociedad actual está muy mal no sé qué dirían de ciudad de Éfeso donde la poligamia y la sexualidad desviada era algo común. Como ejemplo[3] podemos citar el templo de Afrodita la diosa del amor en Corinto que tenía adscritas mil sacerdotisas que en realidad eran prostitutas sagradas que bajaban todas las tardes a la ciudad para realizar comercio.

En este contexto, el requerimiento de que el pastor que procedía de una cultura pagana en la que muchas otras cosas eran normales, tenía mucho más sentido. Hoy en estas palabras podemos encontrar una orden de parte de Dios para los pastores, obviamente deben ser ejemplo de un matrimonio que se ama. Trasladando esto a nuestra sociedad actual claramente el texto hace referencia a que un pastor debe ser integro en la relación con su mujer. Podemos vincular este texto a las palabras de Jesús: “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” Mateo 5:28 ¿No podrían estas palabras estar más vinculadas en nuestra sociedad actual a la pornografía? La pornografía es en la actualidad la principal fuente de inmoralidad sexual de nuestra sociedad. Este cáncer que corrompe internamente no entiende de edades ni de estratos sociales. Internet ha permitido que cualquier persona en cualquier momento del día disponga en su dispositivo móvil de una sexualidad totalmente corrompida de forma gratuita y privada.

Esto sí que es una aplicación práctica de los principios bíblicos en la familia de hoy. Las iglesias deberían enseñar con claridad acerca de estos peligros a los que están expuestos especialmente los más jóvenes y que puede llegar a ser una importante fuente de cadenas, condenación y dolor no solo en solteros, sino también en muchos matrimonios.

Debe gobernar bien su casa (1ª Ti. 3:4). El paréntesis que encontramos en el versículo 5 (“ el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?”); nos ayuda a entender mejor a Pablo. La iglesia a fin de cuentas es una familia y como no, es la casa de Dios. Acordes con otros pasajes: “sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré” (Mt. 25:23). Se puede entender que el pastor debe tener una familia ordenada. Esto puede también ser entendido desde distintas perspectivas. Cuando la Biblia enseña que el pastor debe gobernar bien su casa, algunos han entendido el gobierno como la persona que única y exclusivamente decide las normas de la casa y obliga al resto de la familia a cumplirlas incluso con el uso de la fuerza.

El gobierno del pastor como padre y marido debe estar en armonía con el resto de los principios bíblicos. La violencia, la gritería, el rencor, la condenación, el temor, el legalismo no muestran una forma de gobierno basada en la palabra de Dios. Por otro lado, la laxitud moral, la falta de atención a la familia, la permisividad y la falta de disciplina tampoco muestran los valores bíblicos que deben acompañar al gobierno de la casa.

Hay un texto que puede ser muy útil en este contexto “sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza” (Ef. 4:15). Otras traducciones dicen “hablando” o “andando”. El pastor debe gobernar su casa con amor y con verdad. En colaboración con su esposa, la cual, no debería tener ningún inconveniente en sujetarse a los principios bíblicos cuando realmente hay una relación de amor entre los conyugues y Dios. Con respecto a los hijos, impartir la disciplina necesaria puede llegar a ser una difícil tarea, pero el pastor debe encontrar el equilibrio entre mostrar el amor de Dios a la vez que la justicia y la santidad del mismo. Esto nos lleva al tercer aspecto que muestran estos textos.

Los hijos del pastor deben vivir en armonía con el ejemplo e instrucción de su padre (1 Ti. 3:4; Tit. 1:6).[4]  Hay diversas interpretaciones del texto que podemos encontrar entre los comentaristas bíblicos referente al texto de Tito 1:6 en el que se exige que los hijos del pastor deben ser creyentes. Algunos consideran que este texto se refiere al periodo de tiempo en el cual los hijos viven en la casa del pastor. Esta opinión afirma que mientras los hijos no se hayan independizado y vivan con sus padres los padres son responsables de que los hijos sean obedientes y sean creyentes. Sin embargo, una vez que se van de la casa para vivir su propia vida y en su libre albedrío deciden no ser creyentes el pastor ya no es responsable último de las decisiones de sus hijos.

Otros comentaristas, John MacArthur, por ejemplo, afirma que el pasaje de Tito 1:6 cuando habla de hijos creyentes, está haciendo referencia a hijos adultos. Estos afirman que un padre de familia puede trabajar duro y mantener a su familia económicamente pero no haber conseguido que sus hijos vengan al Señor. Estos hombres no son candidatos potenciales para ser pastores[5]. MacArthur desde su postura calvinista continúa afirmando que algunos pueden considerar que, si Dios no ha elegido o predestinado a los hijos del pastor a ser salvos, entonces el hombre está en un serio problema. Sin embargo, continúa explicando que esa perspectiva es un punto de vista fatalista y no bíblico que falla en considerar el impacto de una vida piadosa o la responsabilidad del creyente de evangelizar. Es interesante analizar más detenidamente el siguiente párrafo en el que para sorpresa de todos en este tema MacArthur parece estar más cerca de Arminio que de Calvino

“Si en mi casa estoy comprometido a vivir una vida piadosa y virtuosa en la integridad, y por medio de ella proclamar la verdad del evangelio salvador, existe toda razón para creer que Dios en su gracia utilizará mi ejemplo para redimir a mis hijos.”[6]

Sea como fuere, los pasajes son claros en cuanto a la responsabilidad del pastor con respecto a sus hijos. La perspectiva de un hombre dedicado tan intensamente al pastorado que olvida sus responsabilidades como padre son un grave error y no están de acuerdo con el orden bíblico que se enseña en las Escrituras. Los hijos del pastor nunca deben estar descuidados por sus padres ni en las necesidades físicas, ni en las emocionales ni en las espirituales.

III.DIFICULTADES FAMILIARES DEL PASTOR

A continuación, se pretenden analizar las dificultades adicionales que el hecho de ser pastor aporta a la familia. Los oficios de los padres siempre afectan a la familia. Un soldado de las fuerzas armadas que tiene que pasar meses fuera del hogar, el capitán de un carguero mercante que pasa seis meses con su familia y seis meses en el mar sin ninguna duda condiciona de alguna manera la vida familiar. La labor pastoral no se diferencia mucho de otras profesiones en este sentido.

A.   Estrecheces financieras

Exceptuando las megaiglesias que encontramos en algunos países en los que el evangelio ha tenido una penetración en la sociedad tan importante, una gran cantidad de iglesias por todo el mundo están constituidas por un pequeño grupo de familias y en muchos casos el dinero disponible no es suficiente para soportar los gastos de la familia del pastor. Esto da lugar a que muchos pastores tienen que ser pluriempleados de forma que compatibilizan su trabajo secular con su trabajo pastoral. Otros sin embargo se lanzan confiando en que Dios proveerá para sus necesidades personales y se dedican a tiempo completo al ministerio, aunque la situación financiera no les acompañe. Estas son decisiones personales muy importantes que sin duda son mucho más fáciles de tomar para un pastor que está soltero que para uno que está casado y con hijos. Como las verdades bíblicas son paralelas, se deben tener en cuenta todos los pasajes que hacen referencia a este tema. El hecho de gobernar bien su casa sin duda implica que el hombre debe proveer del sustento necesario para el hogar.

Las dificultades pueden aparecer cuando “suplir las necesidades básicas” significa cosas distintas para la esposa o los hijos de lo que significa para el pastor. Este fenómeno ocurre en todas las familias, pero especialmente en el pastor que ha decidido poner en primer lugar su labor pastoral antes que posesiones materiales lícitas. El tema se presenta profundo y podría ser objeto de un trabajo a parte así que se podría afirmar que el matrimonio pastoral debe tomar las decisiones de una manera consensuada, ¿Cómo caminarán dos juntos si no se pusieren de acuerdo? Se recomienda que estas decisiones sean meditadas y tomadas delante de Dios en común acuerdo desde un principio. Esto facilitará discusiones o desacuerdo futuros ya que si ambos conyugues tienen una misma visión les será más fácil afrontar los retos futuros.

B.   Falta de tiempo para dedicar a la familia.

En esta área, la labor del pastor también es parecida a otras profesiones seculares. Sin embargo, el pastor puede caer más fácil en este error ya que su trabajo conlleva responsabilidades muy altas. Las necesidades que debe cubrir el pastor en la iglesia son siempre mayores de la que las horas del día le permiten. Las urgencias deben ser atendidas y hay varios factores que acrecientan esta presión. El pastor suele luchar con la tensión entre las necesidades de la iglesia y las necesidades de su propia familia.

Estas tensiones no son solo propias de la sociedad contemporánea[7] los ministros del evangelio a lo largo de la historia también han tenido que lidiar con estas tensiones y algunos sin mucho éxito. En el caso de John Wesley, tenemos un ejemplo clásico de contraste entre su éxito en el ministerio y su vida familiar. En una anotación en su diario correspondiente al 19 de marzo de 1751, escribió lo siguiente “No concibo que un predicador metodista pueda excusarse delante de Dios por predicar un sermón menos, o hacer un viaje menos, por la razón de ser casado en vez soltero. A este respecto, ciertamente, ‘sobra decir que los que tienen esposa sean como si no la tuvieran”.[8] Las consecuencias de su filosofía con respecto al matrimonio, la relación con su esposa Molly fue un desastre durante la mayor parte de su vida.

También tenemos al gran evangelista Whitefield que se casó bastante tarde en su vida para que su matrimonio no interfiriera en su labor ministerial. Whitefield consideraba que su matrimonio era un obstáculo fastidioso para el servicio a Dios tal como narra su biógrafo Arnold Dallimore[9]

Otras esposas tuvieron peores circunstancias debido a la obra misionera como la esposa de William Carey que terminó perdiendo la razón quedando completamente loca y la esposa John G. Lake que sufrió un profundo abandono debido a la entrega de su marido a las misiones.

La idea de nombrar todos estos ejemplos no es para sacar las vergüenzas de ministerios pasados sino para alertar de los peligros que conlleva no llevar los principios bíblicos a la familia del pastor. Es importante ser equilibrado en el ministerio y llevar a la práctica todos los principios bíblicos y realmente queremos llegar a la meta.

IV.     ENCONTRANDO EL EQUILIBRIO

Se puede observar en las Escrituras que, en muchos de los temas importantes de la vida, las verdades se completan las unas a las otras. A lo largo de la historia de la iglesia “se ponen de moda algunas doctrinas” o digamos a que Dios permite que se les dé temporalmente más importancia a unas verdades que ha otras. El mismo Pablo en el Nuevo Testamento, en unas cartas dedica más tiempo a tratar unos temas que en otras y viceversa. Verdades como la soberanía de Dios es compensada cuando se enseña sobre la responsabilidad humana, la relación existente entre la fe y las obras también es un claro ejemplo de estas verdades complementarias.

El tema que se presenta en este trabajo también debe enfrentarse desde la misma perspectiva. Digamos que no se debe aportar una visión sesgada de las verdades que la Biblia enseña sobre el ministerio, sino que se debe llevar a la práctica desde una visión panorámica de las escrituras intentado no dejar atrás las verdades que compensan las unas a las otras.

Cuando Pablo habla que ha enseñado “todo el consejo de Dios” podría ser aplicable a este tema. Cuando se medita sobre el ministerio tenemos que tener una visión amplia de todos los principios bíblicos que tratan sobre este tema.

Debe haber equilibrio entre el compromiso con la iglesia y el compromiso con la familia para no fallar al compromiso con Dios. El pastor está llamado a suplir las necesidades de la iglesia al igual que está llamado a suplir las necesidades de su familia. La iglesia requiere de su tiempo, pero sus hijos también. La iglesia requiere cuidados, su esposa y sus hijos también. El pastor debe gobernar bien su casa, pero debe desechar el autoritarismo, la gritería y la imposición desmedida. El pastor debe ser responsable con la economía de la iglesia al igual que la economía de la familia.

Después de un estudio detallado de las epístolas pastorales, se desprende rápidamente la idea que cuando Dios busca pastores para cuidar del rebaño busca personas ordenadas con sus propias vidas. En ningún texto del Nuevo Testamento se enseña que los pastores deban tener familia como un requisito para ejercer el pastorado, pero son innumerables los textos que enseñan que si el pastor tiene familia se debe a su cuidado y a su atención para que ese orden en el hogar sea trasladado a la iglesia de Dios.

A.   Consejos prácticos

Hay un refrán español que dice “consejos vendo, que para mí no tengo” con el que se critica a las personas que van de “sabelotodo” por la vida diciéndole a todos como deben hacer las cosas y luego ellos son un claro ejemplo de desorden. Especialmente en el tema de la familia y los hijos, al ser un asunto tan importante, reconocer que uno está cometiendo errores viene a ser una tarea difícil y a la vez dolorosa. Además, los consejos siempre deben contextualizarse en la situación social y cultural donde se dan. Animar a un matrimonio a salir a cenar juntos e ir al cine a ver una película romántica puede entenderse como una inversión de tiempo de calidad para un matrimonio que vive en el centro de Londres, pero puede resultar ridículo para una pareja de pastores que viven en la selva amazónica de Ecuador. Al igual, recomendar a unos padres pasar un día con sus hijos en un parque de atracciones puede ser bastante sencillo llevarlo a cabo por un padre que vive en Madrid y dispone de una economía saneada, pero una misión imposible para los padres de una misión en Afganistán.

Sin embargo, está más que demostrado que no son las posesiones materiales las que hacen felices a las familias. Lo que los matrimonios necesitan el uno del otro es tiempo, tiempo para estar juntos, tiempo para compartir ideas, tiempo para arreglar desacuerdos tiempo para hablar, reír e incluso llorar juntos. La comunicación también es esencial en la pareja, los matrimonios necesitan expresarse habitualmente sus sentimientos el uno al otro, compartir los puntos de vista, los desacuerdos, expresarse el amor, comprenderse, ponerse de acuerdo o discutir buscando soluciones.

Igualmente, los hijos independientemente de la edad que tengan, necesitan no solo las cosas materiales que sus padres le puedan comprar sino a sus padres. Nunca he escuchado a un hombre decir que dedicó demasiado tiempo a sus hijos. Sin embargo, son muchas las veces que he escuchado a predicadores de cierta edad decir “si volviera atrás dedicaría más tiempo a mis hijos” Jugar, hablar, transmitir verdades profundas en conversaciones casuales, amar, cuidar no solo es una responsabilidad del padre sino un privilegio que Dios ha dado a cada uno de ellos y que harían bien en agradecer y disfrutar.

Finalmente, y no por ello menos importante tenemos la oración. El pastor debe orar no solo por la extensión del reino de Dios y de la iglesia sino orar por su familia. Poner en las manos de Dios su familia y pedir sabiduría de lo alto para poder llevar a cabo tal alta responsabilidad.

 CONCLUSIÓN

Todos y cada uno de los pastores que Dios les ha permitido tener una familia son responsables de velar por el buen funcionamiento de la misma. La Biblia es bastante clara al respecto de esta afirmación.

Las labores que se realizan en la iglesia acompañadas de los trabajos seculares pueden traer tensiones en el tiempo que se dedica a la familia. Muchos predicadores hablan de la necesidad de ir a las misiones y de predicar la palabra. Otros hablan de la importancia de dedicar tiempo a la familia. Sin embargo, siempre aparece la misma tensión en el corazón del pastor, la responsabilidad de ir y hacer discípulos junto con la de ser un marido y padre que agrade al Señor. Cada ministro se encuentra en un proceso de aprendizaje, no sería correcto descuidar ninguna de las dos áreas y se necesita la ayuda de Dios para ser equilibrados en este tema.

Hay un texto que he personalizado en este tema y que siempre me ayuda a dedicar tiempo a mi familia. No pretendo tergiversar el texto ni modificarlo a mi antojo, pero se encuentra en Mateo 16:26: “¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” cuando hablo sobre la importancia de dedicar tiempo a la familia me aplico este texto para mí mismo, pero un poco modificado ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere el alma de sus hijos? Cuando pienso profundamente en el llamado de Dios pienso en la importancia de la salvación de mis hijas. Que galardón tendría yo si por entregar la vida para la salvación de las almas de otros se perdieran las de mis hijas. Entiendo que hay una parte que está en las manos de Dios, pero la parte que es mía me gustaría cumplirla en las mejores condiciones posibles.

BIBLIOGRAFÍA

BARCLAY, WILLIAM. Comentario del Nuevo Testamento. Vol. 12. 1 y 2 Timoteo, Tito, Filemón. Tarrasa, Barcelona: Ediciones CLIE, 1998.

GORDON, D. FEE. Comentario de las epístolas a 1ª y 2ª de Timoteo y Tito. Viladecavalls, Barcelona: Editorial CLIE, 2008.

MACARTHUR, JONH. El ministerio pastoral. Como pastorear bíblicamente Tarrasa, Barcelona: Ediciones CLIE 2005.

CROFT, BRIAN & CARA. El pastor y su familia. Grand Rapids: Michigan. Editorial Portavoz, 2016.

[1] https://evangelicodigital.com/sociedad/1928/el-suicidio-de-un-joven-y-conocido-pastor-conmueve-eeuu

[2] MACARTHUR, JONH. El ministerio pastoral. Tarrasa, Barcelona: CLIE 2005. P. 142

[3] BARCLAY, WILLIAM. Comentario del Nuevo Testamento. Vol. 12. 1 y 2 Timoteo, Tito, Filemón. Tarrasa, Barcelona: CLIE, 1998. P18

[4] MACARTHUR, JONH. El ministerio pastoral. Tarrasa, Barcelona: CLIE 2005. P. 143

[5] MACARTHUR, JONH. El ministerio pastoral. Tarrasa, Barcelona: CLIE 2005. P.89

[6] MACARTHUR, JONH. El ministerio pastoral. Tarrasa, Barcelona: CLIE 2005. P.89

[7] CROFT, BRIAN & CARA. El pastor y su familia. Grand Rapids: Michigan. Editorial Portavoz. P. 21

[8] Doreen Moore, Good Christians Good Husbands? Leaving a Legacy in Marriage and Ministry (Ross-shire, Escocia: Christian Focus, 2004), p. 32.

[9] Arnold Dallimore, George Whitefield: The Life and Times of the Great Evangelist of the 18th Century Revival, vol. 2 (Carlisle, Pa.: Banner of Truth, 2004), p. 110.

 

Sobre el autor:

Juan Muñoz es uno de los responsables de la iglesia evangélica ICEA Casa en la Roca ubicada en Fuengirola una ciudad de la Costa del Sol de la provincia de Málaga (España) a la cual asiste desde su niñez. Después de su conversión, a muy temprana edad, ha estado a cargo de distintas áreas. Desde joven siempre ha sido consciente que fue llamado a servir a Dios de una manera activa en la iglesia. Ha sido responsable de jóvenes, forma parte del grupo de alabanza de la iglesia y actualmente forma parte del grupo de diáconos de la iglesia y colabora con el pastor (Antonio Rodríguez) en distintas funciones. Sin duda, también le pesa la responsabilidad hacia los que no conocen el evangelio compartiendo su fe con familiares, amigos y compañeros de trabajo. Juan es ingeniero técnico de telecomunicaciones, trabajo que desarrolla de forma paralela con su labor en la iglesia y los estudios en el programa “Online” para obtener un grado en Teología por la Facultad de Teología de Asambleas de Dios de España (CSTAD) ubicado en La Carlota (Córdoba). Está casado Raquel Díaz y tiene dos hijas Daniela (11 años) y Valeria (5 años).

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